Nuevamente vemos cómo el accionar del Estado es arbitrario e injusto con los derechos de los trabajadores. Otra vez se premia a los que están arriba firmando papeles, y se castiga al trabajador de planta que es quien hace la labor dura de la institución.
¿Esa es la reforma del empleo público que queremos? Vean que si el Estado hace eso con sus propios trabajadores, aparentando que quiere una administración pública más eficiente, qué no dejará que suceda con los trabajadores en el sector privado.
Lamentable.